La conciencia humana, la voz de los pueblos, la movilización de organizaciones activistas ecologistas, pero sobre todo, la realidad en que vivimos los habitantes del mundo y el deterioro ambiental que padece, han propiciado que las naciones y sus gobiernos asó como también las corporaciones industriales, se vean orilladas a asumir su responsabilidad de cara al variado número de los problemas ambientales.
Ante estas realidades las naciones asumen su responsabilidad legislando y regulando sus actitudes, emitiendo disposiciones de orden ecológico – ambiental para ser acatadas por las empresas que operan en su territorio y también, participando en algunos organismo de protección y preservación del medio ambiente.
México ha adquirido importantes compromisos en la materia al participar y ratificar convenciones internacionales como la Convención de Diversidad Biológica de 1993, la Convención Marco de Naciones Unidas de Cambio Climático del mismo año, la de Naciones Unidas contra la Desertificación y la Sequía de 1987, la Convención de Viena en 1985 y la Cumbre de Río en 1992.
Por lo que se refiere a las corporaciones s industriales que deben acatar las disipaciones legales y reglamentarias que emitan sus países de origen o los países donde operan, en el área de cuidado y preservación del medio ambiente; no debemos omitir que algunas de estas grandes empresas asumiendo su responsabilidad en el renglón destinado también presupuestos para la investigación o programas para la atención del medio ambiente o a la ecología, por ejemplo las norteamericanas Chevron y Shell reconociendo la oportunidad que se les brindan los países donde desarrollan sus actividades, otorgan espacios de operación y responsabilidad a la comunidad, procurando la sanidad y preservación del entorno y la diversidad como una política fija de la empresa.
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